INMADUREZ AGRESIVA

AgresividadPreescolares

La agresividad en la sociedad se está volviendo en algo tan habitual, que pocas son las conductas que hoy en día llegan a sorprendernos. Violencia entre compañeros, entre vecinos y sobretodo en el deporte, podrían ocupar diariamente páginas enteras de periódicos locales y noticias televisivas, pero si existe un fragmento destacable entre tanta violencia social, sobretodo por lo sorprendente que resulta, es la agresividad infantil.

Entre los 2 y los 6 años de edad, las conductas problemáticas pueden comenzar a aparecer, siendo mucho más frecuente comportamientos agresivos en los niños que en las niñas. Dejando aparte los motivos evolutivos que influyen y difieren en las conductas aprendidas entre hombres y mujeres, las causas de estas conductas agresivas son muy diversas y la mayoría pueden considerarse como interacciones aprendidas. La familia es el contexto principal donde el niño se desarrolla y “copia” los comportamientos con los que convive día a día, no sólo de forma directa por sus propios miembros, si no también indirecta a través de juegos y programas televisivos que pueden incrementar aún más la agresividad como comportamiento habitual.

Según Juan Antonio García Madruga, catedrático del departamento de psicología evolutiva de la UNED, “todo hecho violento es extremadamente cultural”. Aunque el acusar a los medios de comunicación y videojuegos parezca un tópico, si se ha demostrado su influencia en conductas violentas si además lo sumamos a una falta de control y alta permisividad por parte de los padres. Diferentes rasgos, como sentimientos inestables y enfados frecuentes en la personalidad de los niños, también es un factor que fomenta la violencia infantil aunque se trate de niños extrovertidos a los que les gusta el contacto social. Despliegues de agresividad, sobretodo en el contexto escolar, está provocando no sólo el nacimiento de un término concreto para referirse a él (bullying), si no que cada vez sean más los niños acosadores que hacen la vida imposible a los que se “dejan” acosar.

Pero, ¿qué es lo que les está ocurriendo a estos niños para mostrar este tipo de comportamientos? Según diversos estudios, existe evidencia sobre la relación existente entre el castigo utilizado por los padres como método educativo y la utilización de este por los hijos que lo reciben, pero como método de interacción social con sus compañeros, porque no saben cómo manejar una situación estresante o que se escape de su perspectiva, de otra forma que no sea agrediendo física o psicológicamente. Un bajo rendimiento escolar o niños impopulares con escasos amigos, también parecen tener conexión con la violencia en las aulas.

¿Cómo se puede actuar para frenar la conducta agresiva? como hemos mencionado anteriormente, la violencia tiene un componente importante de aprendizaje social, por lo que es susceptible de modificación e intervención una vez que se ha instaurado, pero donde verdaderamente hay que incidir es en su prevención, tanto en casa como en el colegio. Si se va a utilizar el castigo como método de aprendizaje, que sea en el momento adecuado, no como desahogo de los padres, aunque a veces las circunstancias no nos insten a ver otra opción.

Establecer unas reglas en los centros educativos para evitar el bullying y tratar el tema a través de cursos, conferencias o tutorías, es una buena forma de prevención de estas conductas, porque si bien se ha incidido y no por ello es menos importante, en la protección el niño acosado, redirigir un comportamiento agresivo lo antes posible, evitará no sólo el alivio de los “niños-víctima”, si no también la oportunidad de que estos niños agresivos puedan redirigir sus conductas hacia una relación de amistad e interacción social que a su vez le facilite su desarrollo futuro.
La sociedad está cambiando y muchas veces no nos damos cuenta de la presión a la que estamos sometidos en muchos ámbitos de nuestra vida. Metas poco realistas y a conseguir lo antes posible, nos sumergen en un estado de incertidumbre constante, que en ocasiones nos hace olvidar aquellas cosas de las que somos responsables. No todos los problemas derivan del hogar, pero su ambiente y la influencia que los padres ejerzan sobre sus hijos, les acompañarán inevitablemente durante el resto de su vida.

Sara G. Rueda
Aula joven.

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