CASTIGOS FELICES

El castigo, es uno de los métodos más utilizados como técnica de modificación de la conducta entre los seres humanos. Este procedimiento ya fue utilizado por muchos investigadores en numerosos experimentos con animales, donde el objetivo principal era conseguir que ciertas conductas manifestadas en determinadas situaciones, dejaran de producirse. Si bien en un primer momento el objetivo parecía cumplirse, al cabo de un tiempo los animales ya no reaccionaban de la misma manera, asociando el castigo a la figura del experimentador que hacia el propio castigo en sí.

Trasladando estos resultandos a nuestra vida diaria, un hecho que parece confirmarse es que el castigo, no es el mejor método para conseguir que un determinado comportamiento desaparezca para siempre. Todos conservaremos en nuestra memoria algunos momentos en los que fuimos castigados por nuestros padres, bien porque no estuvimos por la labor de asumir “un no por respuesta” ante un juego nuevo, o porque nuestras calificaciones durante el curso no fueron las esperadas, el objetivo que desencadenó el castigo “merecido”, no conseguía en realidad, la finalidad que se esperaba.

Las características que rodean al castigo son muy numerosas. La experiencia que poseamos con ellos en nuestro pasado, su inmediatez o su intensidad, son algunos de los parámetros que pueden afectan a nuestra forma de interpretarlos. Utilizar el castigo como llamada de atención hacia nuestros padres, los cuales arrepentidos y pasado un tiempo prudencial desde el enfado, aumentan sus muestras afectivas hacia nosotros, actúa como un mecanismo de refuerzo positivo que más que impedir su ocurrencia, llega a producir su repetición en el futuro. Además, la figura del castigador, llega a permanecer en nuestra memoria como el ejecutante del castigo, llevando de nuevo a su posible repetición, pero en presencia de otra persona diferente.
Este tipo de consecuencia “positiva” derivada del castigo aversivo, ha sido estudiada por diversos psicólogos experimentales bajo el nombre de “fenómenos paradójicos del castigo”. Conductas masoquistas, donde el dolor llega a convertirse en placer por la gran asociación producida, es uno de los tipos de comportamiento que muestra el extraño efecto que puede producir sobre algunas conductas.

¿Existe entonces algún procedimiento que sea realmente efectivo para eliminar comportamientos? la respuesta es si y viene dada bajo el nombre de entrenamiento de omisión. Este tipo de procedimiento también es considerado como un ejemplo de castigo, con la diferencia fundamental de que en este caso, se trata de eliminar un evento que le resulte agradable a la persona siendo este el propio castigo ocasionado. Si en vez de regañar o dar una pequeña bofetada ante una pataleta repentina, le privamos durante un tiempo de alguna de sus actividades favoritas, el efecto conseguido coincidirá con el esperado.
Si bien es cierto que existe evidencia científica de la eficacia del entrenamiento de omisión, es necesario saber, que el efecto no llegará de forma inmediata, si no con el paso del tiempo y recurriendo varias veces a este tipo de procedimiento. Pero a propósito de lo anterior, que preferimos, ¿la recompensa inmediata aun siendo peor, o esperar a la mejor aunque tarde un poco más?

Aula Joven.
Sara G .Rueda

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