INCOMUNICADOS

autismo

 

Considerados como “retrasados mentales graves” durante décadas; tratados con antipsicóticos y obligados a ingresar en hospitales psiquiátricos prácticamente durante toda su infancia; progenitores vapuleados por psiquiatras que ponían en entre dicho el trato que estaban dando a sus hijos… estos, son algunos de los antecedentes que rodean a una enfermedad que aunque su concepto está evolucionando actualmente, aún genera un gran desconocimiento en la sociedad: el autismo.

El síndrome del espectro autista, es un trastorno del desarrollo caracterizado, entre otros, por un retraso o ausencia en el desarrollo del lenguaje oral, con dificultad para iniciar o mantener una conversación; incapacidad para emprender relaciones sociales con sus compañeros, ponerse en su situación (empatía) o desarrollar juegos que requieran de cierta imaginación; así como patrones de comportamiento repetitivo y estereotipado, como movimientos bruscos del cuerpo o extremidades.

Este último síntoma, es el popularmente utilizado para referirse a una persona autista. La imagen de un niño balanceándose, impasible ante los intentos de comunicación de los demás y totalmente incapaces de emitir un sonido, son algunas de las ideas que ha ido adquiriendo esta patología a lo largo de los años. Psiquiatras como Bettelheim, estudiaron como afectaba la enfermedad en varias sesiones terapéuticas con estos “niños autísticos”¸ explicando que la raíz del problema estaba en la “frialdad de sus moldes-madre”; es decir a la falta de afecto por parte de sus progenitores. Ante esta hipótesis e influenciados por el psicoanálisis de la época, Bettelheim decidió separarlos de sus padres, ingresándolos en centros junto con otros afectados, recibiendo un cuidado más específico pero alejados del cariño materno. Gracias a la nueva perspectiva de Bernard, psicólogo y padre de un niño con autismo, la idea de alejarlos de sus familias se rechazó definitivamente, considerando a los padres de los pequeños como parte fundamental del tratamiento y no como los responsables de la enfermedad de sus hijos.

Como punto importante, hay que destacar que, en la mayoría de los casos, no se trata de un retraso mental grave ni de una enfermedad mental que requiera su internamiento. Estos niños normalmente son diagnosticados por sus propios padres, al notar una carencia de reciprocidad atencional y emocional, sobretodo en el plano afectivo, cuando se dirigen a ellos. Hechos tan simples como abrazarles, enseñarles o jugar con ellos se vuelve realmente complicado por la reticencia de estos niños a cualquier contacto físico, aunque diversos estudios hayan confirmado que si existe afecto y apego hacia sus padres, siendo la forma de expresarlo donde reside parte del problema.

Aún así, no todo son dificultades para personas con autismo. Si las relaciones sociales les provocan una gran limitación, no sucede lo mismo en con sus habilidades mentales; que superan en muchos casos al resto de personas que no poseen la enfermedad. La capacidad de memoria a largo plazo; habilidades para las matemáticas, música y pensamiento visual entre otros, se encuentran en un nivel muy superior en cuanto al que le corresponde según su nivel de desarrollo. Además, existen casos de autismo que desde muy pequeños son capaces de interpretar la escritura, incluso antes de poder comprenderla.

Se desconoce exactamente cuál podría ser el desencadenante de este síndrome. Existe evidencia sobre la influencia de la exposición a tóxicos durante el embarazo, madres fumadoras por ejemplo, como posible influyente en los trastornos del desarrollo en bebés, pero son muchos los factores que intervienen y que aún se desconocen.

En cuanto al tratamiento, se sabe que el síndrome del espectro autista es definitivo, pero la intervención temprana a partir de los cinco años de edad es muy importante, ya que marcará el futuro del pequeño y su integración en la sociedad.

 

Seis de cada 1000 niños nacen con autismo en España. Independientemente de que existan o no factores predisponentes; que un gen alterado en el ADN pueda desencadenar la enfermedad, o que un conjunto de desequilibrios químicos afecten a una parte del cerebro sin saber por qué; el autismo es una enfermedad que necesita ser aceptada y entendida por la sociedad como lo que es, que requerirá de un gran esfuerzo por parte de los afectados y sus familias, pero que pueden llegar a integrarse y a tener un futuro mejor si, una vez más, logramos quitarnos la venda del “incurable enfermo mental”.

 

Aula joven.

Sara G. Rueda

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s